Érase una vez un día de lluvia, en los que lo que quieres hacer es tirarte en el sofá, acurrucarte con la frisa, y ver Netflix hasta el cansancio…. pero tienes trabajo hasta la coronilla, así que cambias el sofá por la silla de tu escritorio y el televisor por el monitor de la computadora y entre contestar emails y el “typing” desenfrenado, tuve un aha! moment, ok una crisis existencial que merecía ser atendida.
Mientras enviaba una respuesta, casi en automático como usualmente lo hago, veo mi email y me veo, por primera vez, como una extraña disfrazada y que el “outfit” a leguas gritaba que no me pertenecía. Una dirección de correo electrónico que me había colgado hace más de dos décadas y que definía una etapa de mi vida muy particular. Es como si de pronto, después de cumplir las dos pesetas, encuentras que tu email es “masquejode97@whatever.com” o “lamamademispollitos@loquesea.net” ¡no señor! Oye, y no es que no te guste joder, o que no adores a tus hijos, pero ni el pariseo intenso del 97 te define, y francamente, el rol de madre tampoco. Y entonces… ¿ahora qué?
Creo que redefinirnos ahora, en este universo tan digital, nos complica la existencia un poco. Es casi como tener que conseguirnos un affidavit para el cambio de nombre o un cambio de circunstancia marital que justifique (si fuera el caso) un cambio de correo electrónico, o de username en tu red social favorita. Ah, pero el nombre es lo de menos. No es tan fácil como decir, ya no soy aquella… el detalle es… ¿quién eres ahora? ¿Ya te perdí? Hang in there. Te juro que voy a hacer sentido ya mismo.
Creo que hoy día, vivimos con una prisa enorme. A duras penas tenemos tiempo para leer un libro, meditar, sacudir el esqueleto, ni siquiera tenemos tiempo libre para escuchar nuestros pensamientos y para escuchar la vocecita que te dice, esa ya no eres tú. Pero cuando el ocio te toma desprevenida… o tu correo electrónico, for all that matters, el ejercicio de introspección no está de más. Ahí es que empieza el duro trabajo de entender que no eres la esposa de este o el otro, que no eres la madre de esta o aquel, que has pasado una vida definida por lo que haces, con quien andas, y hasta a quien pariste. ¡No hombre no! Porque tú eres más que eso. Eres más que la etiqueta que en algún momento te quedaba cómoda y que ahora, como la camisa de Hulk, creciste y rompiste. Eres lo que te gusta, lo que te causa alegría, lo que te apasiona y lo que te queda por hacer. Eres, a la edad que sea, un lienzo en blanco, la libreta nueva que todavía no tiene un tachón… aunque celebres todos los tachones que te trajeron hasta aquí.
¿Y entonces? Soy la que soy, no la que era. Y mientras, con algo de nostalgia, dejo atrás el atuendo digital que antes portaba, me entallo el nuevo, que en el espíritu del anonimato, y para efectos tuyos es simplemente… info@cositasquejoden.com.



