Rant in 3…2…Ok, este blog es uno que se viene cocinando hace tiempo, pero uno que encontró su punto de ebullición en medio de un evento cotidiano, así como suele suceder.
Estaba en una reunión de oportunidades – lo que no necesariamente es sinónimo de reunión de negocios, ya que esta última asume algo concreto. Francamente, son de las que más disfruto. Esas reuniones que abren la puerta a un mundo de posibilidades infinitas, de esas que presentan un panorama sin fin y despiertan la creatividad y entusiasmo. 50% café. 50% emoción. Al salir de esa reunión en la que la esperanza era casi tangible, iba conduciendo de vuelta a casa, a la rutina, al day in day out. ¿Tú sabes cuando manejas en automático y que llegas de un sitio a otro sin ni siquiera darte cuenta? Pues así. Y de pronto, me viene a la mente esta canción. Deben haber pasado décadas desde la última vez que la escuché. En mi mente, tarareaba la letra de “Todavía” de Radio Pirata. No la busques en Spotify ni en Pandora. Es lo que ahora algunos llaman “retro.” Ay, perdón, ¿no soy la milenial que pensabas que era? So be it.
Yo siempre me las he echado de estar “current”: más allá de los trends y tiktok. No sólo porque soy madre de unos Gen-Z, sino porque, gústele a quien le guste, soy un espíritu joven y me gusta estar al día. Sí, yo también sufrí cuando Farruko encontró al Señor y temía no poder volver a escuchar Pepas… aún cuando puedo ser la reencarnación de Nancy Reagan con su “just say no.” Entonces, porqué tengo que aceptar una fecha de expiración que marca el fin de mi vida útil.
Recuerdo unos años atrás ir a una entrevista de trabajo con un milenial. Yo llevaba años fuera de la fuerza laboral, así como nos sucede a tantas. Nacieron mis hijos y me convertí en chofer, en tutora, entre citas médicas y actividades extracurriculares pasaron los años. Mi entrevistador me expresó su preocupación (física y verbalmente) con que no fuera lo suficientemente “edgy.” Le preocupaba que la década que nos separaba, aparentemente hubiese borrado cualquier trazo de wit que pude haber tenido en mi juventud. En esa ocasión, un golpe de suerte (y de necesidad por su parte) me permitió probarle cuán equivocado estaba…una y otra vez.
Pero no siempre somos tan suertudas. Vivimos en un eterno pulseo con una sociedad que nos anula, que nos descarta, que nos convierte en los door mats que pisotean las nuevas generaciones porque no conciben que somos útiles, creativas, trabajadoras, determinadas, exigentes…Me niego a creer que me debo anular, que las cartas ya están echadas y que “esto” es lo que me tocó. ¿Porqué? Porque quiero más. Y porque pienso que igual yo, todavía tengo mucho para dar… cositas que joden.



