Dicen que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y la verdad es que así se han sentido los últimos dos años.. ¿son dos? Ya ni recuerdo. El covid ha convertido cualquier ápice de lo que podría ser considerado como materia gris y lo ha convertido en plasticina. Pero lo que sí ha hecho es hacerme extrañar aquello que tanta pereza me daba o que me parecía indiferente en algún momento. Las despedidas de año, por ejemplo.
“What? ¿Qué? ¡Estás loca! A nadie le son indiferentes las despedidas de año!” Pues fíjate, en algún momento, a mi sí. Es más, ¡eran un tostón! Buscar qué ropa ponerme era sólo el “tip of the iceberg” para alguien que peleó con el peso toda la vida. Pero entonces el, “qué hacemos, con quién la pasamos.” Lo sé, suena como que le puedo hacer las vacaciones al Grinch pero es que las Navidades son de por sí, bastante tumultuosas. Que no se te quede nadie en la lista, que hay que cumplir con todos, cuántos outfits voy a necesitar y a quien le toca qué fecha; para alguien que lucha con un desorden de ansiedad social auto-diagnosticado, es el momento de subir las tensiones a tope. Pero este año no.
Este año, el segundo bajo la administración de este puto covid, me despertó las ganas de todo lo que detestaba. Bastó que el bastardo omicron me dijera lo que puedo y no puedo hacer para que agitara la rebeldía que reconozco que llevo por dentro. Este 2021 quería todo…TODO. Esta despedida de año quería las escarchas, los brillos, las bombillitas. Esta vez quería encaramarme en los tacos que olvidé usar durante el pajama lockdown del 2020-2021 y bailar hasta maldecir los años que tengo al levantarme al día siguiente (qué dicho sea de paso, gracias a la neblina mental del hiatus, es uno menos de lo que pensaba tenía). Pero no fue así. Con tasas de positividad mayores que la posibilidad de que no me cuelguen los pellejos cuando llegue a mi “peso ideal,” la despedida del 2021 fue algo así como “same shit, different container.”
Todo cambia. Todo es distinto. Así como nos hemos visto forzados a adaptarnos a lo detestable, hemos igualmente cambiado nosotros, en medio de una situación que nadie vino venir y que todos estamos locos porque pase. Y así sobrevivimos, entre la fatiga y las putas mascarillas, entre las celebraciones que no se dieron y aceptar que debemos celebrar que estar aquí todavía, en medio de este mierdero, “is celebration enough” y que ya tendremos otro año, otra despedida… esperemos que sin otra variante. Cositas que joden.



