En la década de los 80’s y principio de los ’90’s había un programa muy popular que se llamaba Cheers. La comedia de situación se llevaba a cabo en una barra donde los clientes eran, como decimos, unos regulars. Esa familiaridad era algo que se celebraba. ¡De hecho! El theme song del programa decía, precisamente: “Sometimes you want to go, where everybody knows your name.” ¡Ay mira, no! Hay veces que tenemos que cogernos un breakecito y rodearnos de extraños.
Me explico. No es un concepto tan descabellado como se puede pensar. Las personas (y habla la observadora, no la profesional que no soy) somos animales de costumbre, y aunque sí, sufrimos los cambios de la evolución normal de la vida, tendemos a encajonarnos en la visión que tienen los demás de nosotros. Te doy un ejemplo: “Fulano de tal, cascarrabias, aguafiestas,” todo porque en alguna etapa alocada de su juventud, le metía al palo y no había fiesta en la que no terminara discutiendo con cualquiera que le cuestionara la inmortalidad del cangrejo. Nadie toma en consideración que tal vez hoy es un profesional de primera, cabildero de las causas justas y el mejor amigo que alguien pueda tener mientras atraviesa su peor momento. Pero tal vez, si le preguntas, quién, o cómo eres, no dudará en decirte, “sí, yo sé que tengo malos cascos… yo soy así.” En algún momento, le plantaron el sello y ahora, y por el resto de la eternidad, tendrá que arrastrar con él…a lo mejor, en el peor de los casos, hasta se lo cree. Catch my drift?
Pero y el “sello” ese, ¿cuándo se quita? ¿Hay manera de hacerlo obsoleto? ¿Podemos ser quién queremos ser, y no quienes nos han dicho que somos? ¿Podemos empezar de nuevo? En medio de una vacación no programada…y extendida, dicho sea de paso, no me cansé de escuchar “pareces otra,” “qué bien te sientan esos aires.” “estás irreconocible.” No sé si eso es bueno o no, y si tal vez lo que me querían decir es, “normalmente te ves bien jodía,” pero no es este el blog para analizarlo.. eso lo dejo para otro día. Lo que sí es cierto es que yo misma reconozco el “otra” del que hablan. Aún cuándo arrastras a lo largo de tu vida sellos de los que no te sientes orgulloso, no siempre es fácil sacudirlos y deshacerte de ellos.
Recuerdo ver en más de una entrega taquillera de Hollywood la premisa de una cirugía plástica que le cambia el rostro a un criminal, regalándole la oportunidad de una nueva vida. Más recientemente, el popular Tinder Swindler de Netflix, muestra cómo el estafador buscaba con un nuevo rostro (que no logró conseguir) una nueva vida – lejos de las autoridades que buscaban atraparle. ¿Pero qué hay en el tintero para los que su único crimen, es no querer ser quién les dijeron que eran?
Para algunas personas, es tal vez un cambio de nombre, lo que marca con claridad esa línea divisoria entre aquella persona y esta. Para otras, pues, el escape de esa definición que hace cómodo a los demás decir, de manera casi robótica; “Fulana: cualidad 1, 2 y 3” es un nuevo código postal, lo que encontramos al brincar el charco cuando nos perdemos entre las multitudes de extraños que te dan la oportunidad de ser quien te dé la gana. Porque aunque la familiaridad se celebre, a veces es el anonimato lo que nos permite ser lo que hubiésemos sido si no nos hubiéramos creído el cuento que nos hicieron los demás sobre nosotros mismos… lástima que a mitad de libro, nos cueste tanto reescribirlo…cositas que joden.



