Una vez al año.. cada 365 días, sin tregua ni compasión, me ataca. Ese recordatorio de que nos ponemos viejos, llega y me abofetéa sin piedad cuando abro los ojos, estiro el brazo para alcanzar los bifocales y confirmo en el recordatorio de mi celular, que efectivamente, llegó mi onomástico.
Sorpresivamente, hoy no me levanté con más dolamas que ayer. Tengo el mismo número de canas y no me siento mejor ni peor que el día anterior. Pero siento unas ganas de “pelear la pendejá,” de sacudir el marasmo que me cae encima y que pesa más que el almanaque. En tiempos de covid, no es recomendable tirarme el “Eat Pray Love” y encomendarme a cuatro santos buscando “the meaning of life.” Mi “India” (o Bali for that matter) tendrá que ser ese ser ese antro morado y amarillo dónde se sudan las penas (y la grasa) y en medio de millas de arrepentimiento por el tiempo que me quise menos, encuentro no necesito pasaporte, y que mi conciencia es mi propio Ketut. Y mientras mis pies pedalean en automático alcanzando la rapidez que estos muslos oversize permiten, encuentro la determinación que buscaba para sacudir el esqueleto, para quitarle las telarañas a mis dedos y para permitirles hacer un workout propio sobre este teclado.

Y así mismito me envuelvo. Me enredo entre planes futuros, situaciones idealizadas, un to-do list (que ofrece menos presión que un bucket list que puede o no materializarse.). Viajé sin pasaje (ni prueba PCR) directo a la inspiración y a la motivación; recuperando mi energía y creyendo que me veo lo fabulosa que me siento. Hasta que aparecen dos.. a las que les doblo la edad (y el tamaño), con más tela en la mascarilla que la llevan puesta para cubrir el resto del cuerpo y, como en las películas de Hollywood cuando ves el auto en cámara lenta rumbo al camión que lo llevará a una muerte segura, así a varios pies de distancia, las veo su cada vez más cerca en el espejo burlón que tengo de frente. Y ahí se detienen – tan monas ellas, en este “side-by-side” que no pedí bajo ningún concepto, pero que me grita, como en las letras de un marquee de cine, que los años no pasan en vano…nada, cositas que joden.

