Cositas que joden Pt. 104857393854: mi absoluta incapacidad para predecir el futuro de manera inequívoca… o al menos poder ver a vuelo de pájaro, lo que parece.
No, tranquila, alma solitaria que me lees. Esto no conlleva el peso increíble que llevaría el saber el resultado de un diagnóstico, la nota final de una reválida, o saber tan siquiera si Rauw y Rosalía vuelven, o si el conejo malo y la candelaria de verdad son un “item.” Se trata de la insignificante vida amorosa de nuestros “offsprings.” Me explico.
Cuánto tiempo no pasamos cuidando y criando a nuestros hijos. Desde que nacen: desde el mejor pañal, al mejor pre-escolar; los alimentamos velando TODO y de la mano los acompañamos en sus tomas de decisiones más cruciales: su universidad, su carrera… sus relaciones. ¡Mentira! En esas se meten solitos: aprobemos o no, aún cuando veamos zanjas de incompatibilidad más abismales que el cañón de Colorado, pero ahí estamos: consintiendo y haciendo espacio en nuestro corazón para la o el susodicho. Y es que nada puede estar más claro, si nuestros ex-retoños les han elegido, es casi incuestionable que lo hagamos nosotros también.
Pero no funciona así. Y mientras a algunos no les veamos futuro y nuestros hijos se vayan de cabeza para probarnos lo contrario, todavía se cuela algo de ellos en nuestros corazones… aún viendo ya sin anteojos, la fecha de expiración. Pero entonces, escuchamos en nuestra mente, camuflajeada en las voz de nuestros “bebés,” el “¿Mama, qué tu crees?”
¡Y qué más quisiera yo que poder predecir el futuro! Decir con certeza, pon tu corazón en sus manos.. o “count your losses and run.” Y es que en asuntos del corazón, hasta la más “super mom” resulta inservible. Tipo “Hunger Games,” luego de haber superado nuestros amores y rupturas de juventud, “we offer ourselves as tribute,” y decidimos pasar de nuevo por esta etapa con nuestros hijos. Y ahí vamos, a “enamorarnos” de quienes le han robado el corazón, porque cuándo nos dicen “Mama, qué crees,” respondemos con la mentira más piadosa jamás inventada, que es la certeza al 100% de lo que hasta la más astuta de las madres desconoce: “si tú dices que este es, pues este es.” Total, quien soy yo para decir si sí o si no. Yo no leo el futuro… cositas que joden.



