A ver, hay que admitirlo: soy una hipócrita. Una junkie de closet. Ok, tal vez no tanto, pero así se siente para esta cincuentona que le machacó a sus hijos el no usar drogas de ninguna clase, índole ni especie, más allá del Tylenol, Albuterol y cualquier otro “-ol” de turno. Oh, but to live in this era, donde es lo más normal del mundo pagar una chavería por llamar, decir que no puedes dormir (en un país donde el crimen es la orden del día), que estás deprimido (a sabiendas de que te van a subir la luz otra vez el mes que viene just for fun), y que estás ansioso (que bien podría ser otra forma de decir que estás pasando la compra semanal en el supermercado, esperando el gran total con sudor frío).
Lo admito sin pena: sucumbí al culto de la mata que no te mata, esperanzada en que su aplicación cute en forma de gummy solucionaría el insomnio de esta menopáusica. Pero he encontrado tanto más.
Todavía recuerdo el primer “bite.” Ese que uno se manda a las millas para no pensarlo demasiado y arrepentirse después. ¿O debería decir “microbite”? Porque la verdad es que lo piqué en cuatro pedacitos, asustada con saber Dios qué catástrofe podría ocurrir a la menor ingesta. ¿Y qué pasó? Pues que me levanté a la 1, a las 3 y a las 5 de la mañana como si ese mágico gummy, al entrar en contacto con mi sistema incrédulo, hubiera pasado por un carwash digestivo que le eliminó cualquier efecto.
Al día siguiente dije: “Pues nada, un pedacito más grande.” Esa noche me levanté las mismas veces. Y ahí fue que lo entendí: para las libras tengo un metabolismo lento, pero para estas cosas, parece que metabolizo tan rápido que no da tiempo a que me haga efecto. Así que decidí mandarme con todo. Bienvenidos a mi viaje sideral.
– 9:15 pm: A mandarnos el manjar psicodélico. Todo. De una.
– 10:00 pm: A ver cuánto tarda en hacer efecto.
– 1:30 am: Ah, hola, reloj. Pensé que no nos veríamos hasta mañana.
– 2:00 – 7:00 am: Me encantaría ir al baño. ¿A cuánto me queda? Creo que puedo esperar.
– 7:05 am: Fin del viaje
Que mi experiencia no te desanime en tu búsqueda. En Puerto Rico, el cannabis medicinal no es solo una moda; es casi un acto de resistencia. Cuando el insomnio no viene solo, sino acompañado de apagones, ruidos de plantas eléctricas y el eterno estrés de sobrevivir, más de uno se ha encontrado buscando alivio en la mata milagrosa. Es como si en cada gummy, flor o aceite, la gente buscara una tregua temporal, un respiro entre los cobros injustos de LUMA y las noticias que dan ganas de llorar. Porque aquí, no es solo la menopausia o el insomnio lo que nos quita el sueño. Cositas que joden.


