Esta mañana, con más de un año de diferencia desde el último post, le quitaba a mis dedos las telarañas mientras escribía algún rant trivial, sin saber que el mundo se encargaría de darme otra jodienda sobre la que escribir.
Y es que todo lo que hace falta, para una cosita que jode, es un imbecil con iniciativa. Uff! Y para eso tengo un imán especial.
Así que ese defecto congénito que tengo y que se le conoce como agudeza sensorial, marcada por una perfección extraordinaria para olerme cuando me la van a hacer, combinada con el pendejo en cuestión, hace que mi tarde de un jueves común, me sepa a mierda. Hace que el puto calor de verano se sienta más insoportable y exacerbado por mi impotencia para combatir esta ola de reducido IQ, hace mi día intolerable. Así que por hoy, sólo por hoy, me permito rabiar contra la injusticia de que paguen mi compromiso con la deslealtad, con que la eficiencia sea indiferente, pues como bien dice el refrán, “la soga parte por lo más finito,” no por el calvo, ni el baladí bajito. Y aunque mis manos parezcan hoy atadas, este mundo es redondito y por más que razones para gritar me sobren, pa’ que darle poder a un pendejo, que a fin de cuentas, no es otra cosa, que una cosita que jode.



